miércoles, 23 de octubre de 2024

Que seas Tú siempre su chófer y así nunca pierdan el camino que les lleva a Ti.

 

Songo, lunes 21 de octubre de 2024

 

    
     


   Me encontré, como siempre que voy al mercado, un grupito de seis niños y niñas vendiendo manises. Todos ellos me conocen y me saludan. Se alegran al verme porque saben que siempre les compro a todos, aunque sólo sea un paquetito de cinco meticales. Entre ellos tengo un amigo llamado Ferrão.

 

 

 

 

            Siempre les pregunto por la escuela, porque todos ellos estudian, pero tienen que ganarse la vida después de salir del cole, y por eso se pasan toda la tarde vendiendo en la calle con sus balayos. Ya eran casi las ocho de la noche, que aquí es muy de noche, y todavía deambulaban por los alrededores del súper, ellos y los que venden bolsas de plástico. 

 

Yo había ido para comprar pan, mantequilla y mermelada para el curso de catequistas, pues tenemos más de 40 hospedados en la parroquia. Cuando acabé de pagarles algunos me pidieron que los llevase hasta mi zona, en el Planalto, que está muy cerca pero a ellos les gusta ir en coche. Ya lo he hecho muchas veces, pero esta vez pensé en lo bonito que es sentir que estos niños y niñas no me tienen miedo, confían en mí, incluso de noche para subirse en mi coche. En España no me atrevería a llevar a “niños desconocidos” en mi vehículo, pero aquí el contexto es muy diferente. Además, me alegró porque los saqué de la calle, poniendo fin a su jornada laboral, son muy pequeños y necesitan descansar para mañana rendir en los estudios.  

 

 

Tatenda! Niños que venden plásticos, niños que venden manises, niños como Ferrão cuya infancia viene marcada por el estudio y donde se juega mientras se trabaja. Te ruego que los protejas y que seas Tú siempre su chófer y así nunca pierdan el camino que les lleva a Ti.



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