Songo, miércoles 23 de octubre de 2024
El río está en mínimos históricos. Desde que llegué en 2018 hasta hoy, nunca había visto tan poca agua en la albufera como este año. Claro que en 2023 cayeron tres gotas contadas. Nuestra realidad es la de toda el África Austral: Zimbabwe, Zambia y Malawi están pasando por lo mismo que nosotros. Lo aterrador es pensar que aquí una sequía equivale a decir hambre. Cuando no llueve en África, sabemos que la inmensa mayoría de la población, los más pobres, pasarán hambre.
El lunes fui a buscar a los catequistas al río, al tiempo que dejaba la harina y el azúcar para las escuelas. Cuando llegué y vi el río me quedé impresionado del bajón tan grande que dio el agua. Es muy diferente ver que pasan los días y no llueve, a ver un río, que siempre estuvo a más del 90% de su capacidad, con un 50%. Cuando subíamos, los catequistas me dijeron que, al otro lado, el precio del millo se ha disparado. Ahora ya sólo comen una vez al día y, normalmente, sólo comen una papa con malambe (fruto del baobab). Ya se comieron el millo que tenían preparado para sembrar, así que tendrán que comprar nuevas semillas.
Esta situación mete miedo. Comunidades enormes sin agua y sin comida. Decidí mantener el desayuno a los niños de la escuela durante las vacaciones, para que por lo menos coman algo durante estos meses de verano. También pensé en comprar semillas de millo para distribuirlas en las comunidades antes de las lluvias -si llueve-.
Hoy fue el último día del encuentro de catequistas de las comunidades rurales, y en la evaluación dijeron que necesitan semillas, y que pedían socorro a la parroquia. Y como por arte de magia -o porque Dios es providente-, me puso un mensaje Sor Irene diciendo que tenía un dinero que se podía usar para comprar comida para las comunidades, así que le propuse que comprásemos millo para sembrar.
Tatenda! Estoy feliz, porque hoy cayeron tres gotas de agua. Sergio y Argentina regresaron con su hijo Sheltom. Yo estaba muy preocupado porque el niño a sus 10 añitos nunca ha ido a la escuela. Desde hace unas semanas me puse las pilas hablando con el grupo de Cáritas parroquial y ellas contactaron con las profesoras de la escuela de Canchenga para que pudiese entrar como libre oyente en este final de curso. Sheltom vino a la iglesia esta mañana para pedir un lápiz. Salí del encuentro de catequistas y le entregué un lápiz, una goma y un afilador. Estaba feliz, pero yo más, porque es como si cayese una gotita de esperanza en este año tan seco. Sheltom, Irene y los 35 catequistas que participaron en la formación son una lluvia suave para este mundo tan necesitado de educación, de alimento y de fe. Gracias, Señor.
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