Songo, viernes 24 de abril de 2026
No hay
nada como limpiar el cuarto y cambiarlo todo de lugar. Me parece estar
comenzando una nueva vida. Ese ejercicio lo hice anteayer y he puesto mi
escritorio frente a la ventana. Mientras leía un documento sobre el
Matrimonio levanté los ojos y vi dos pajaritos jugueteando en las ramas
del naranjero. Me quedé absorto en la contemplación, hasta que decidí
abrir la ventana para escuchar sus cantos de alegría.
Algo se mueve en mi interior, y no sé lo que es. Sólo sé que es bueno, que me abre a la novedad, que me invita a ir más allá, sólo sé que siento como si unos rayos de luz acariciaran de nuevo mi piel.
Esta mañana un joven llamado Afonso vino a verme.
Me ha pedido dirección espiritual. Afonso tiene 25 años y desea tomar las riendas de su vida. Hemos estado hablando más de dos horas y todavía anda por las ramas.
Realmente, todavía no
sé qué le preocupa, pero lo he escuchado con atención. Ya he visto en mi
jardín muchas rosas que tardan días en abrirse y mostrar su
esplendor...
Tatenda pakulu! Las ventanas han marcado mi vida, y si me tuviese que identificar con un objeto sería una ventana. La ventana te ayuda a contemplar, deja que entre el aire fresco, pero también mantiene la privacidad. La ventana no es para entrar y salir, sólo para dejarte llenar de luz, para renovar el aire dentro de ti. Señor, déjame ser ventana por la que otros te puedan contemplar; déjame ser ventana, que permita pasar tu Luz; déjame ser ventana, que oxigene a los jóvenes que buscan tu brisa suave.


