Songo, miércoles 29 de abril de 2026
sábado, 2 de mayo de 2026
Alzo mis ojos a las montañas desde la que Dios me llama
Ayer
participé en una charla on-line muy interesante sobre “El empleo en la
era digital. Nuevos desafíos en la defensa del trabajo”. Uno de los
asuntos tratados fue cómo esta nueva era digital crea problemas de orden
psicológico-social, porque aleja a las personas del ambiente de
trabajo.
Me quedé
pensando en el abismo que nos separa a los canarios y a los
mozambiqueños, pero sobre todo me impresionó que no salió a colación la
necesidad espiritual del ser humano ni su conexión con la naturaleza.
Y
no paraba de pensar en lo afortunado que soy por no teletrabajar, sino
por “misiotrabajar”, porque estoy conectado con todo lo que importa: las
personas, Dios y la naturaleza. Cuando llegué a la capilla de Mulumbua
la fiesta fue de primer orden, porque ya casi acabaron los trabajos, a
falta de una buena pintura y unos bancos. Esa alegría desbordante de la
comunidad de Mulumbua acabó de llenar mi depósito espiritual.
Tatenda
pakulu! Me encanta “misiotrabajar” porque me ayuda a tener los pies en
la tierra y el alma en el Cielo; me ayuda a estar tocando el agua del
río mientras nada el cocodrilo, al tiempo que alzo mis ojos a las
montañas desde la que Dios me llama; me ayuda a bailar con el corazón
alegre y agradecido en la misa, al tiempo que siento el cansancio de
subir y bajar la gran montaña de Mulumbua. Senhor, danos
misiotrabajadores según tu corazón.
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