sábado, 2 de mayo de 2026

Alzo mis ojos a las montañas desde la que Dios me llama


 Songo, miércoles 29 de abril de 2026

Ayer participé en una charla on-line muy interesante sobre “El empleo en la era digital. Nuevos desafíos en la defensa del trabajo”. Uno de los asuntos tratados fue cómo esta nueva era digital crea problemas de orden psicológico-social, porque aleja a las personas del ambiente de trabajo.



Me quedé pensando en el abismo que nos separa a los canarios y a los mozambiqueños, pero sobre todo me impresionó que no salió a colación la necesidad espiritual del ser humano ni su conexión con la naturaleza.
 

Hoy fui a Mulumbua y nada más entrar en la canoa vimos un cocodrilo a unos 30 metros que iba en dirección contraria a nosotros. Estar en el río en una canoa, subir la montaña, respirar el aire puro en medio del silencio, sentir la vida natural a mi alrededor, caminar mientras la hierba me acaricia mientras huelo flores silvestres… todo me lleva a Dios. La naturaleza me lleva al encuentro con el Creador



Y no paraba de pensar en lo afortunado que soy por no teletrabajar, sino por “misiotrabajar”, porque estoy conectado con todo lo que importa: las personas, Dios y la naturaleza. Cuando llegué a la capilla de Mulumbua la fiesta fue de primer orden, porque ya casi acabaron los trabajos, a falta de una buena pintura y unos bancos. Esa alegría desbordante de la comunidad de Mulumbua acabó de llenar mi depósito espiritual.



Tatenda pakulu! Me encanta “misiotrabajar” porque me ayuda a tener los pies en la tierra y el alma en el Cielo; me ayuda a estar tocando el agua del río mientras nada el cocodrilo, al tiempo que alzo mis ojos a las montañas desde la que Dios me llama; me ayuda a bailar con el corazón alegre y agradecido en la misa, al tiempo que siento el cansancio de subir y bajar la gran montaña de Mulumbua. Senhor, danos misiotrabajadores según tu corazón.

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