domingo, 28 de junio de 2026
En cada comunidad escogemos cinco familias para que se beneficien de esta ayuda.
Songo, martes 23 de junio de 2026
Estaba
todo programado para que fuese un día muy especial. María, Mariana,
Joana y Leonor son cuatro jóvenes misioneras portuguesas que querían
conocer la realidad rural de Maravia. Ellas trabajan en Canongola, en la
ciudad de Tete, y querían
tener una experiencia diferente. Por ese motivo, organicé una visita de dos días a Chodzi y Chiputi.
Desde las 7 de la mañana ya estábamos en el río subiendo al barco del Sr. Viegas en dirección a Chodzi. Al llegar nos acogieron los niños y niñas de la escuela, que además nos mostraron todo lo que han aprendido este año. Yo disfruto enormemente viéndoles leer, o sumar, con esa timidez tan característica de los pimbi (es el nombre de la etnia que vive en Chipera (Maravia).
donde
la comunidad agradeció la visita. Al terminar, ya era la hora del
almuerzo donde comimos ximai (es una masa harina de millo cocida),
judías y una gallina cafreal. Y, por fin, fuimos a visitar dos familias
carenciadas para entregarles productos de alimentación básica (sal,
azúcar, aceite, arroz, etc…), pues Alberto y Lolita todos los años me
envían dinero para comprar comida para los más pobres, y en cada comunidad escogemos cinco familias para que se beneficien de esta ayuda.
Como
las motos que nos llevaban a Chodzi no aparecían, comenzamos a caminar,
y estuvimos una hora y media andando en dirección a Chiputi, aunque
sólo llegamos a Dambo. Allí, ya de noche aparecieron las motos que nos
dieron un hermosísimo paseo de una hora por la sabana en medio una gran
oscuridad y un cielo especialmente estrellado.
La
mala noticia no se hizo esperar. Desde que llegamos, junto al fuego, nos
contaron que había fallecido una niña de 16 años. La historia es
terrible. Sus padres la querían obligar a casarse con un joven que ella
no quería y decidió quitarse la vida, tomando un veneno que se coloca en el millo. Su padre es el director de la escuela pública en
Chiputi, y su hija estuvo tres días tomando esas pastillas, sin que sus
padres hiciesen nada. Todo muy extraño y muy duro de digerir.
Tatenda
pakulu! Dios de la Vida, es imposible encajar la muerte sin fe. Mi
corazón voló hasta mi primito Juan Alejandro, que ahora está Contigo.
Solo puedo orar diciendo:
“Señor, Tú lo sabes todo, Tú sabrás porqué pasan estas cosas”, porque no me salen palabras. Nuestra alegría por todo lo vivido en estas comunidades se esfumó en un minuto, pero sigo confiando en que Tú un día iluminarás todas estas oscuridades. Señor, en Ti confío.
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