Songo, viernes 29 de mayo de 2026
Las
niñas se van haciendo grandes y ya casi no caben en la canoa.
Hace casi
cinco años que las 14 niñas de Mulumbua entraban en una canoa para
atravesar el río Zambeze. Al principio, venían todas ellas con el millo y
sus mochilas, y ahora tienen que venir dos canoas porque es imposible
meter el millo en la canoa de las niñas.
Han
terminando una semanita de vacaciones y venían felices. Albertina y
Jacinta de Chodzi, ya estaban esperando pues llegaron muy temprano.
Ellas dos hacen unas tres horas en canoa, y las encontré sentaditas
esperando. Casi no hablan, son muy tímidas. Me dediqué a observarlas
mientras ellas estaban despistadas. Me llamó la atención como durante
algunos minutos se quedaron mirando unos árboles sin decir una palabra.
Estaban inmóviles, en silencio. Pensé que estaban viendo monos, pero no,
sólo contemplaban.
Después
de más de una hora de espera llegó la primera canoa con el millo, y
posteriormente llegó la segunda canoa con las niñas de Mulumbua que,
rápidamente se subieron al coche y nos fuimos rumbo al internado.
Tatenda
pakulu! Las niñas van creciendo y el próximo año será el último en el
internado, pues acaban la educación primaria. En principio, he hablado
con las monjas para que entren en el internado de ellas y puedan hacer
la secundaria aquí en Songo. Señor, no dejes que pierdan su capacidad de
contemplación, esa esencia de sabiduría divina que les ha dado el mundo
rural, y que continúen sintiendo que son una familia a bordo de la
misma barca, tu Iglesia, tu Reino.
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