domingo, 17 de enero de 2016

Tú no me fallas...





Missão, quarta-feira 06 de Maio de 2015

                Creo que el mes de Mayo no me favorece. Tendría que mirar para ver si fue el 6 de mayo cuando me robaron en Maputo, hoy no me robaron la mochila, pero sí la paciencia y el tiempo.
                Fui a Moamba porque me llamaron del Tribunal para resolver un asunto. Pensé que era sobre la ejecución de la sentencia, y aunque tiene que ver con eso, no era para pedirme un número de cuenta, sino para comunicarme que Bananalândia dice que es Agrisul la propietaria del tractor y la que contrató al joven Nunes. Es decir, que no pagan porque no son ellos los propietarios del tractor. Me quedé boquiabierto ante tal cara dura de los sinvergüenzas de Bananalândia-Agrisul, o como quiera que se llamen.
                Además, me habían llamado de la Administración de Moamba para recoger una licencia de obras, pero resultó que le faltaba el sello blanco, y con toda la cara me dice: “Venga mañana”, como si hacer 90 km por carretera de piedra-batida fuese todo un placer. Quería aprovechar para comprar material eléctrico, pero no encontré casi nada de lo que necesitaba y todo muy caro. Pasé a recoger la revista “Vida Nova” y a comprar crédito, tomate, ajo y pimientos, y fue esta última parte la única que salió bien.
                El coche no paraba de darme la lata con un ruido terrible en la rueda delantera derecha. Mientras pasaba con el coche la gente se asustaba, especialmente los niños.

                Ni bongile! Porque Tú no me fallas, no me intentas engañar como los de Bananalândia; no me llamas para decirme “venga mañana”; no me robas poniendo un precio superior al que pueden mis fuerzas; no me estropeas el coche para que no pueda moverme. Más bien, Tú me dices la verdad al corazón; me llamas hoy para trabajar; me das todo tu amor y misericordia para confortarme; me das fuerzas para caminar incluso contracorriente. Gracias Señor, Tú nunca me fallas.
               

Viven en la extrema pobreza, pero sin perder la alegría de vivir.



Missão, terça-feira 05 de Maio de 2015

                Creo que nunca acabaré de sorprenderme ante la realidad en la que vivo. Visité el Núcleo de Beato que se reunió en la casa de Lina Zitha. Al terminar fui a visitar a la familia Tovela, a la madre de Sérgio e Isrom porque me pidió leche y cereales el domingo pasado. Allí estuvimos charlando con su padre hasta que anocheció, y tuvimos tiempo de escuchar algunas historias “para no dormir”.
                Entre risas, nos contó cómo nasció Isrom. Él no sabía que su hija estaba embarazada, y ella, por ser deficiente mental, tampoco lo sabía. Pensaban que tenía  gases, y su padre le daba masajes en el estómago. Le extrañaba notar que algo se movía (pero como aquí piensan que las personas pueden tener cobras dentro…), pero no le dieron importancia.
                El nacimiento de Isrom fue de esta manera: ella sintió dolor y se puso a caminar mientras rompió aguas y dio a luz caminando. El bebé cayó al suelo y ella siguió caminando de tal manera que arrancó de cuajo el cordón umbilical. El desgarro fue brutal, y su padre fue a buscar a sus vecinas. Cuando vieron al bebé que no paraba de sangrar por su ombligo, cargaron a su madre y al bebé y los llevaron al hospital de Korumana y de allí los enviaron a Maputo. Allí pasó su primer mes de vida.
                Isrom ya tiene unos 10 años y todavía no ha ido a la escuela. Parece ser que su madre tiene como manifestación de su enfermedad mental, el no poderse separar de sus hijos ni siquiera 10 minutos. Así que sus dos hijos están todo el día con ella.

                Ni bongile! Creo que ayer se cumplieron dos años de mi accidente con el Land Cruiser, y hoy me llegó una carta del Tribunal de Moamba que ya menciona la ejecución de la sentencia. Sin embargo, mi oración es por esta familia Tovela, que viven en la extrema pobreza, pero sin perder la alegría de vivir.

Nuestro mayor valor es la vida...



Missão, segunda-feira 04 de Maio de 2015

                Un ángel pasó por mi vida y no quiero olvidar que sus alas alguna vez me tocaron. Se llamaba Wiliamo Hleveia (Gueveia) y hoy fuimos a Maputo para traer su cuerpo y darle cristiana sepultura.
                Acercarse unos metros a la morgue de Maputo es igual a oler la muerte. Mientras estábamos en la puerta esperando que nos llamaran para identificar el cadáver, llegó una ambulancia donde se podía leer “Nuestra mayor valor es la vida”. Se paró frente a nosotros, abrieron la puerta trasera y un trabajador comenzó a tirar del brazo del cadáver de una joven para sacarla del vehículo. Lo hizo como quien tira de un zapato, parecía que le iba a arrancar el brazo. La joven fallecida quedó al descubierto y tenía los ojos abiertos. Se me rompió el corazón al ver cómo trataban el cuerpo, ahora sin vida, de esa joven desconocida.
                Recordé una y otra vez a María Madoncela. Aquel olor y los cuerpos en las camillas del pasillo sin una triste sábana por encima, tratados como carne que nunca tuvo vida, que nadie acarició, como carne que nunca fue amada, como carne que nunca se movió para hacer el bien.
                La funeraria nos arregló los papeles de la beneficencia y no tuvimos que pagar nada. Salimos sin papeles y cargamos el cuerpo del Sr. Wiliamo en el Land Cruiser sin ningún tipo de papel para llevárnoslo a Sábiè. Es decir, más de 100km con el riesgo de que nos parase la policía y nos preguntase sobre el finado. Nos tranquilizaron las palabras del Sr. Manuel de la funeraria mozambiqueña: “No se preocupen. La policía Mozambique tiene miedo de los muertos”.
                Llegamos a Sábiè sin ningún problema, y entramos directamente en su casa. Me alegró ver que había mucha gente de la comunidad presente para recibirlo. Después de unas oraciones nos fuimos al cementerio, y ya pasaban de las 17.00, y habíamos salido a las 05:00h, doce horas para poder enterrar al vovó Wiliamo.

                Ni bongile! Lo enterramos tal cual vivió: en paz y pobremente. Enterramos a un amigo, a un maestro, a un ángel que nos sonrió y nos ayudó a abrir el corazón. Sí, los pobres nos humanizan y nos divinizan, porque nos obligan a dar lo mejor de nosotros: tu Amor.

"Voló al Cielo"



Missão, sábado 02 de Maio de 2015

                La noticia de la muerte de Wiliamo Gueveia nos ha dejado sin palabras. Ha sido un día lleno de alegría por la ordenación episcopal de Alberto Vera en Xai-Xai. Lo visitamos en enero como párroco en Xai-Xai y ahora ya es obispo auxiliar.
                Hicimos muchas cábalas sobre cuál sería su vestimenta episcopal, y creo que todos fallamos: vino de negro y rosa con un birrete, fajín y todos los trapos típicos de los obispos. Sin embargo, él sigue siendo el mismo hombre cercano. De hecho, nos parecía que estaba disfrazado, como quien está de carnaval, porque la ropa no le pegaba ni con cola.
De la celebración destaco varios detalles, pues nunca había estado en una ordenación episcopal: El primero fue ver que le pusieron el Evangelio sobre la cabeza. Me pareció tremendamente simbólico (aunque más bonito sería que lo pusieran en el corazón). Daba la impresión de que La Palabra de Dios se posaba sobre él “como rocío que empapa la tierra”, como si La Palabra lloviese sobre él. Fue un gesto hermoso.
El segundo fue que hizo el esfuerzo de leer un largo agradecimiento escrito en changana. Alberto no habla changana, lo está estudiando, pero dudo mucho que lo consiga hablar, porque es de cabeza dura hasta para el portugués. Sin embargo, leyó en changana de una forma inteligible, como quien se lo había preparado bien.
En la fiesta nos encontramos con viejos conocidos, como el indiano franseliano Pe. Mateus, y con un padre italiano consolato que conocimos en Tete y que fue muchos años misionero en Venezuela. Dos personas muy alegres y serviciales. También conocimos al nuevo Nuncio Apostólico en Mozambique, que es venezolano.

Ni bongile! La vida del Sr. Wiliamo estaba en un hilo, él parecía un pajarito. Nos llamaron las Hermanitas para decirnos que estaba muy grave, y 30 minutos después nos llamaron para comunicarnos su muerte. Todo esto fue cuando regresábamos de Xai-Xai. Te doy gracias porque pasó los últimos días de su vida entre atenciones, comiendo a gusto, limpio y afeitado. De él, como si de un bebé se tratase, me atrevo a decir: “Voló al Cielo”.

Colas y mas colas...



Missão, segunda-feira 06 de Abril de 2015
Segunda-feira de Páscoa

                Después de una Semana Santa bien movida, fui a Maputo con el Sr. Wiliamo Gueveia y el Sr. Anastácio Wamusse. Colas y más colas, fue lo que encontramos. El Sr. Wiliamo no puede andar, así que lo teníamos que transportar cargándolo entre los dos.
                Pero lo peor no fue eso sino el trato que le dieron. Después de esperar hasta las 11.00h, habiendo llegado a las 7.00, y viendo que el hombre no puede contener su orina, todavía nos hicieron sufrir más. Un médico que andaba de un sitio para otro hablando por teléfono con cara de pocos amigos fue quien finalmente nos atendió. Creo que pensó que yo quería un trato preferente por ser blanco e intentó humillarme. Como no lo consiguió por falta de argumentos, humilló al Sr. Williamo. Tuvimos que desnudarlo estando de pie, y en esa posición incómoda porque lo teníamos que sujetar entre dos, lo hizo esperar más de un minuto con la puerta abierta mientras buscaba unos guantes para palpar la hernia.
                Luego, cuando me enfrenté a él por ese maltrato, se fue suavizando para explicarme que no se puede operar a una persona en esas condiciones. Lo cual es lógico, pero no necesitaba humillarlo para llegar a esa conclusión.

                Ni bongile! El Sr. Williamo en su paz infinita no dijo ni mu, pero a mí me comían los demonios sólo de pensar en cómo se tratan a los pobres que no tienen forma de defenderse ante quien ostenta el poder. Sin embargo, Señor, te agradezco la paz que me transmiten tanto el Sr. Williamo como el Sr. Anastácio, quizá acostumbrados a tanto sufrir.