lunes, 2 de enero de 2012

¿Estoy dando mi vida por Amor?





Ressano Garcia, sexta-feira 22 de Julho de 2011


Sta. Maria Madalena

Onomástica da Mãe de Cristóvão Déniz Hernández
Después de la misa con las Escalabrinianas, salimos para hacer unas últimas compras para el viejito de Inkomati.

El día 20 de Julio me informaron que un viejito de Inkomati perdió su casa en un incendio. Hoy día 22, el párroco de Tamaraceite Cristóbal Déniz y yo, fuimos a visitarlo y conocer de primera mano lo ocurrido: un auténtico desastre. No quedó nada. Vivía en una pallotita pequeña (casa de cañas y palos) y al arder sólo quedó ceniza. No pudo salvar nada: ropa, alimento, utensilios… todo fue pasta de las llamas. Su casita ardió porque hacía la comida dentro y alguna brasa hizo arder la casa cuando él salió a cortar leña. Como aquí es invierno, los que tienen sus casitas en peores condiciones, hacen fuego dentro para poder calentarse un poco y poder pasar mejor la noche. De hecho una semana después, exactamente el día 29 murieron 3 niños vecinos nuestros en Ressano, al incendiarse 2 pallotas.

Volviendo al asunto. Nos acompañó el sr. Trigo, pero no encontramos a nuestro anciano, que además no tiene familia. Cristóbal y yo habíamos comprado alimentos, mantas, vasos, platos, cubiertos, palanganas y sacamos también ropa de nuestro armario para entregarle a este señor. Así que le dejamos todo en casa de una señora vecina que le dio cobijo después del incendio. El sr. Trigo nos dijo que la comunidad ya se había organizado para cortar estacas y cañas, y hacerle una nueva casa más cerca de la población porque vivía muy aislado y solitario.

Cuando ya nos íbamos apareció él con una gran sonrisa en sus labios, sucio de trabajar, y con el corazón agradecido por tanta solidaridad.

Por la tardecita tuvimos nuestra particular ceremonia de “entrega de pastas” en Fumo y yo, y una despedida formal entre nosotros. Me dio las gracias por todo y me entregó los archivos y el material de catequesis, y también me explicó cómo estaba el punto de la situación. Yo le pedí perdón por mi errores y le agradecí todo lo que de él aprendí por su disponibilidad y capacidad de trabajo y servicio.

Inkomu Hosi! ¡Gracias, Señor! Por este pueblo pobre que da lo que tiene al más pobre: su fuerza para trabajar y construir una nueva casa. Gracias por nuestro pueblo canario que con su solidaridad callada envío el dinero con el cual pudimos comprar calderos, loza, comida, mantas y otras cosas necesarias para quien nada tiene. Pero pienso en tus palabras: “Al que mucho se le dio, más se le exigirá” Me has dado mucho en estos 4 años de misión en Mozambique, y sin embargo siento que aún sólo doy de lo que me sobra, de lo que me dan, pero me pregunto: ¿estoy dando mi vida por amor?

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