sábado, 14 de febrero de 2015

Inauguración de la capilla de Santa Margarita María Alacoque de Vahla.



Missão, domingo 21 de Dezembro de 2014

                Estoy con el buen sabor de boca de la inauguración de la capilla de Santa Margarita María Alacoque de Vahla. Fue una gran fiesta, como sólo aquí saben hacer. Una misa tranquila, sin tiempo, y con tantos agradecimientos al final como cantos en la eucaristía. Es un pueblo agradecido y que sabe agradecer. Nos preguntaron por las Hermanas porque les extrañó no verlas allí. La capilla quedó coqueta, pero pequeña para el aforo de este día tan grande, así que la misa se celebró bajo el árbol, un “cañueiro” precioso y que da una sombra muy buena y fresca. Al terminar, comenzó el almuerzo al que no le faltó nada. Y para rematar los cantos y bailes que son la explosión final de alegría de este pueblo agradecido.
                Vino el Pe. Agostinho, un sacramentino de Magude que es psicólogo, y también un hermano de su congregación natural de Cabo Delgado. La familia de Dª Marta Moaiana estaba en peso, incluso algunos vinieron de Cabo Delgado y otros de Sudáfrica; además, había personas de la Vila de Sábiè, de la Misión, de Korumana…
La fiesta de bendición e inauguración de la capilla parecía más bien un homenaje a Marta Moaiana porque todos se iban en halagos para ella. Sin embargo, esta misma mañana en la capilla de Korumana, presentaron a un niño llamado Mandiño que está viviendo con la enfermera Raquel. Al terminar la misa me acerqué a ella para preguntarle por Mandiño y me contó su historia: murieron su padre, su madre y sus hermanos, y sólo le quedó su abuelo, que es un hombre mayor, y sólo lo quería para pastar. Mandiño con unos 8 años es portador del VIH y tiene la piel como un auténtico estropajo. Raquel me dijo que no para de bañarlo y que todavía le salen costras de suciedad. Llegó un día al hospital y no quiso regresar. Raquel me dijo que se acordó del pasaje de Mt 25 y que después de consultarlo con su marido y con los de Acción Social de Moamba, se ha quedado con el niño como si fuese un hijo. Esta mujer sí que se merece un verdadero homenaje a la humanidad, a la compasión, a la autenticidad de corazón.
               
                Ni bongile! Qué hermoso es tu templo Señor, que es tu pueblo, la gente sencilla y pobre que comparte la alegría de sentirte cerca. Tu templo no es de piedra, sino que tiene un corazón de madre y padre, un corazón de carne que late al son de batuques y danza makwaya. Nuestra contribución pasó casi desapercibida, de lo cual me alegro porque así se ve que este pueblo está empeñado en su propia mejoría.
                Ni bongile swinene ngopfu! Por el testimonio de Raquel que me ha dejado desarmado una vez más. Testimonios como este me ayudan a cuestionarme mi manera de ser misionero en Mozambique, porque no paramos de calcular, de hacer presupuestos, de organizar, y no nos dejamos sorprender por Ti, que apareces como un “menino da rua” sucio, enfermo, pequeño… para decirnos ACÓGEME que Soy Yo.

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