miércoles, 4 de febrero de 2015

Sonrisas pequeñas para grandes corazones




Missão, segunda-feira 15 de Dezembro de 2014

                Sonrisas pequeñas para grandes corazones, pies pequeños para largos caminos, manos diminutas para caricias y lápices… son las niñas y los niños de la escuelita comunitaria “Santo António de Sábiè”. Su fiesta ha marcado un antes y un después, porque la escuelita ha sido un éxito de participación y aprendizajes. Se ha trabajado muchísimo, se ha soñado en muchas partes del mundo, y se ha hecho posible esta realidad tan pequeña como una semilla, y tan grande como el árbol que un día será.
                Cómo describir este día? No lo sé. Intenso en emociones. Las niñas y los niños felices, las madres, abuelas y padres radiantes de alegría. Es imposible describir lo que se vive porque se quedan fuera las miradas de las niñas a sus madres cuando recogían su lápiz y su libreta, la risa de una madre al ver a las niñas bailando con tanto salero, la explosión de gozo entre niños y niñas cuando explotaba un globo… Qué alegría! Qué gran fiesta con tan poco!
                En este momento sólo me salen agradecimientos a un grupo de mujeres de Cáceres que hicieron las batas, a Maricarmen Naranjo que se pasó dos meses (todas sus vacaciones) haciendo fichas de lecto-escritura en changana, a todas las personas que siguen apoyando este proyecto desde su más tierno comienzo. Ha sido el culmen merecido de un trabajo bien hecho, y especialmente bien hecho por las educadoras que a pesar de no tener estudios universitarios, sí tienen amor por su pueblo, ganas de enseñar todo lo que son y lo que saben, interés por hacer crecer este hermoso país a través de la educación. También le doy las gracias a Paco que se ha tomado este proyecto con un cariño muy especial y dedicándole todo el tiempo necesario y más. Gracias también a las madres y padres que animaron a sus hijos/as a no faltar ni un solo día, aunque tuviesen que caminar 3 ó 4 km, como Edson, Kelvin, Matsintsinye-Nelson o Teresa; o que atravesar el río como Dionísia y otras tres niñas de Gavaza (para pasarlas se turnaban sus madres, las desnudaban y se la echaban a los hombros hasta la otra orilla. Ida y vuelta. ¿Quién pagará ese sacrificio a estas madres?)
                Mi corazón late acelerado.
                El día no acabó ahí. Truenos y relámpagos inauguraron la tarde, luego cayó un poste grande de la luz junto a nuestra casa. Luego se fue la luz, y cuando estábamos en medio del diluvio tocaron la puerta y ahí apareció Dércio diciendo que su mujer se estaba muriendo de una malaria.
                Habíamos rezado a la luz de las velas, agradeciendo el agua, pero no pedíamos tanta. Salí pitando con el Land Cruiser y no sé ni cómo llegamos a la Vila. No veía nada del chaparrón tan intenso, porque el limpia-parabrisas no daba abasto, así que en varias ocasiones me salí del camino, también me enterré y tuvimos que poner la tracción. Una situación de estrés con una joven muriéndose en el coche, aunque finalmente lo conseguimos.
                Y como dice el proverbio: “Después de la tempestad, viene la calma”. Ahora estoy rezando y escribiendo, y ya no llueve, no hay casi viento, ha vuelto la luz aunque muy débil. Y volvemos a darte gracias Señor por este día tan cargado de vida nueva, de agua.

                Ni bongile ngpofu swinene! Muchísimas gracias Señor por este día tan bendecido como llovido. Pepita parece que está un poquito mejor; ha dormido bien; la están medicando y haciendo pruebas de todo tipo para poder diagnosticar es tremenda infección en su brazo. Danos salud para que podamos seguir haciendo posibles todos nuestros pequeños sueños.

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