lunes, 1 de febrero de 2016

Sin duda alguna soy feliz con este pueblo, cada día más feliz.



Vila, sexta-feira 16 de Outubro de 2015

                Cada viernes visitamos a los más pobres, y hoy estuvimos visitando a los que viven en la Misión. Como cada vez que entramos en contacto con la vida, nos llevamos algunas sorpresas. El señor Zulu estaba comiendo en una pala de construcción. No sé porqué, pues tenía un plato al lado, y cuando nos vio acercar tapó la pala con el plato. Le saqué una foto porque me pareció estremecedora la imagen.
                La alegría nos la dio visitar a la vovó Adelina Sitoe, pues le habían cubierto de cañas su cocina, y ya no está a la intemperie. Cuando pasamos por casa de vovó Persina vimos leña que le había traído el Sr. Albino Mahoelele, lo cual también nos orgulla.
                Como todavía me quedaba un poco de tiempo llevé a Saría, Teresinha y Matsintsinye a su casa. Matsintsinye al salir de la escuelita se me había acercado para decirme: “Tou a pedir me levar em casa de Eu” (que es la traducción directa del changana: Na kombela swaku u ni yisa kaya ka me. Te pido que me lleves a mi casa). Viven a casi 4 km de la Misión y tienen entre 3 y 6 años. Se lo pasaron bomba en el coche escuchando música y tocándolo todo, mientras yo los vigilaba.
                Por la tarde, quedé con el grupo de jóvenes para preparar las velas para la peregrinación. Aquí estuvieron hasta casi las 20.00h, y luego salimos para Korumana para llevar unos tubos para la cerca de nuestra capilla de la Inmaculada Concepción de María.
                Llegué muertito, pero feliz. Qué bueno es llegar cansado a casa y mirar atrás sabiendo que el día ha sido muy productivo.

                Ni bongile! Sin duda alguna soy feliz con este pueblo, cada día más feliz. Y quizá por eso cada día más me duele su pobreza, su abandono, su vida de subsistencia y trabajo, su futuro incierto. Pero siempre me quedo con tu sonrisa en ellos, en vovó Zulu y Cristina, en vovó Adelina Sitoe, em Jonas Matsintsinye, em Teresinha, em Saria, en su mamá y en su abuela cuando la vieron llegar en coche a casa como si fuese una auténtica reina.

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