miércoles, 22 de octubre de 2008

Martes 11 y Jueves 13 de Diciembre de 2007

Munhava, martes 11 de Diciembre de 2007

Después de la misa, salimos para el arzobispado. La organización eclesiástica aquí es muy deficiente por la escasez de sacerdotes y de dinero. Tenía una reunión Antonio para preparar la recepción-almuerzo del día de la ordenación. El primero en llegar fue el rector del Seminario Diocesano, y comenzaron a hablar de los gastos que están teniendo por lo acontecido al P. Bernardo.
El P. Bernardo hace un año que fue ordenado, y desgraciadamente tuvo un accidente de tráfico hace un mes que lo ha dejado paralítico. La única solución, la única esperanza era operarlo en Sudáfrica, así que reunieron dinero para enviarlo. Sólo los gastos del avión, debido a ser un transporte especial y privado, fueron 15.000 dólares (más de 2 millones de pesetas), y la operación fue aún más cara. Gracias a Dios, precisamente hoy hemos recibido buenas noticias: comienza a sentir su estómago y ya mueve las manos.
Todos los cristianos estamos colaborando para pagar estos gastos, y sobre todo, estamos rezando por su mejoría. Rezamos en todas las misas. Esta diócesis tiene 26 padres diocesanos, y debido al comunismo, no hubo ordenaciones sacerdotales durante 20 años. Así que necesitan sacerdotes para estas comunidades tan vivas y florecientes.
La inversión económica es de tal calibre que Antonio (Ecónomo de la Diócesis) calcula que en el mes de abril-mayo se agotará el dinero de todo el año. Hay que tener presente que el sueldo de un cura son 90€ mensuales, por lo que todos dan clases en institutos o colegios para poder vivir.
La reunión era para distribuir las tareas del día de la ordenación que será este domingo próximo. Lo cuentan todo: el número de invitados, de sirvientes, de refrescos, de platos, etc. Los invitados son muy pocos porque paga la diócesis: no pueden entrar todos los curas, ni todas las monjas, sino representantes de cada uno; no puede entrar toda la familia, sino 10 personas por cada recién ordenado (son 2). Y así sucesivamente, lo cual muestra las dificultades económicas por las que atraviesan, sin embargo, la gente no se incomoda por eso, parece normal que sea así.
Señor, ayuda a esta Iglesia pobre a no perder los valores que encierra la pobreza, comenzando por la solidaridad con el P. Bernardo, dando para su salud lo que no tiene para sustentarse. Tú proveerás.

Munhava, jueves 13 de Diciembre de 2007

La visita a la comunidad de San Pedro fue muy especial. Llegaron 3 personas a recogerme, cuando llegamos a la capilla nos esperaban unas 20 personas cantando. Estuvimos hablando unos 20 minutos allí, y salimos a conocer el barrio. Comenzaron a aparecer niños, por la llamada de los cantos que no pararon en ningún momento durante más de 2 horas.
Íbamos pasando por las casas de los cristianos, saludábamos en la puerta, cantábamos y bailábamos y seguíamos el camino. Así por lo menos 20 veces. Caminando por en medio de multitud de personas y de casas. Es asombroso para quien viene de fuera y no tiene costumbre. Los niños y niñas comienzan a aparecer de todos los rincones y se unieron hasta ser más de 100. Lo cual aumentaba la alegría y la algarabía en aquellas calles. Es un motivo para el regocijo: cantar, bailar y aplaudir en medio del dolor.
Esta comunidad esta en una zona conocida como Munhava-Matope, es decir, Munhava-Barro, y realmente es casi como un gran pantano, especialmente las zonas del interior y la carretera principal. Y en medio de esta pobreza, también vive el único médico de Munhava con su esposa y sus 6 hijos, a quienes también saludamos.
Una de las últimas casas que visitamos parecía estar en una isla. Tuvimos que pasar en fila india casi 150 personas, por un camino de unos 200 metros de largo y 30 centímetros de ancho, y a los lados agua. La casa está en medio de las machambas de arroz, que ya están a medio llenar por las últimas lluvias.
A veces me da la impresión de estar viviendo un sueño largo y profundo del que algún despertaré: ¿puede ser realidad lo que estoy viviendo? Enséñanos a sentir la realidad, a pisar este barro sin miedo a ensuciarnos los pies, sin miedo a cantar y bailar

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