miércoles, 22 de octubre de 2008

Martes 27 de Noviembre de 2007

Sábiè, a martes 27 de Noviembre de 2007

Como ayer tuvimos reunión en Ressano García, hoy era el último día para ir a Matola a recoger el pasaporte antes de viajar para Beira. A las 6 de la mañana salimos para Sábiè, y allí tuve que esperar hasta las 7 una chapa para ir hasta Moamba. Lo de la chapa fue todo surrealista. Cuando entré podríamos ser 30 personas, y como siempre soy el último en entrar quedé en una posición de esas que piensas que te van a quedar secuelas por un mes. De pie, con los pies torcidos, con la cabeza doblada porque el techo era muy bajo, y sin poder moverte ni un solo centrímetro.
Sin embargo, cuando piensas que ya estamos todos ahí llegan otros. La ley es: la chapa nunca está llena. Así que más adelante entró un señor que aún me ayudó a empeorar mi delicada situación. Y después de él llegó un joven y una señora que entraron por la puerta del motorista. Allí nadie se quejaba: “Esto es Mozambique” es lo que dicen.
Así 35 km que parecen nunca acabar por esa carretera de tierra batida. La chapa va tan cargada que no pasa de los 40 km/h, así que tardamos más de una hora en llegar. Aunque lo curioso fue que no llegamos hasta el final. Antes de llegar al río Ncomati la chapa se paró y nos cobró 35 Mts, y nos dijo que el río había roto la carretera y que ahora vendría un barco a buscarnos para atravesar el río. Iluso de mí, pagué y salí rápido para coger el barco que nunca llegó.
Ahí comenzó la segunda historia del día. Primero estuvimos esperando a ver si aparecía un barco o alguien que nos ayudase a cruzar el río. Misión imposible porque se llevó 10 metros de la carretera y amenazaba con llevarse más. Al otro lado del río estaban Pepe Casas y Vicente muertos de la risa por la situación, y tuvieron que seguir sus caminos solos. Así estuvimos una hora, y luego la gente se empezó a quejar porque se sintieron engañadas, y querían regresar. El siguiente paso fue la discusión con el motorista y con el cobrador. Ellos aguantaban el tipo diciendo que si regresábamos nos cobrarían otros 35 Mts, a lo cual todos nos negábamos. Cuando vieron la situación mal parada hicieron ademán de que iban a orinar o dar una vuelta, y desaparecieron. Fue entonces cuando la gente se organizó y salieron en su búsqueda hasta que los encontraron dos horas después y los trajeron a la chapa. Seguían discutiendo, hasta que pasó otra hora. Finalmente, accedió a regresarnos por 10 Mts. De tal forma que regresamos sobre las 12h para Sábiè. Lo que significaba volver a hacer el camino infernal. Gracias a Dios pillé asiento.
Cuando llegué a la Villa de Sábiè llamé a Jesús que vino a buscarme para comer. El almuerzo fue casi de pie, a toda prisa, como la Pascua. Teníamos que salir nuevamente para llegar a Maputo antes del anochecer. La única salida que restaba era la de Magude, es decir, dar una vuelta de 220 kms para llegar a destino, de los cuales 70 kms fueron por tierra batida. Llegamos deshechos a casa de las Hermanas de los Ancianos Desamparados, allí nos dieron una gran cena y pudimos reconstituir las fuerzas con un buen descanso. Estrella con sus detalles de siempre me trajo un termómetro para mi botiquín personal.

Señor, tanto camino tiene su recompensa. Hoy aprendí que no puedo salir de casa sin pan, fruta, una gorra y agua para el camino. Todas las personas que iban en la chapa llevaban algo de comer y beber, porque saben que se mueven en lo provisional, en un mundo donde no hay certeza de llegar a destino. Ayúdame a tener mi mochila preparada, con lo justo y necesario: pan, agua, fe, sonrisas, esperanza, evangelio… Y gracias por quienes nos acogen, con tanta alegría y generosidad, después de un largo camino.

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