jueves, 21 de enero de 2016

“Un sueño de misioneras del amor, que me invitan a pensar en la riqueza del fondo humano de su corazón”.



Pemba-Paço episcopal, segunda-feira 15 de Junho de 2015
Aniversário do Pe. Cristóbal Déniz Hernández

                Aún estoy sin poder dormir, impactado por esta realidad de la ciudad de Pemba. No sé decir qué es lo que he encontrado aquí, pero sé que ya Pemba me robó el corazón. Evidentemente tengo un corazón muy volátil.
                Me arrodillo ante Estrella, Laura y tantas personas que aquí están dando la vida. Llegué puntualmente a las 13.00h después de que Paco me dejase en el aeropuerto de Maputo para salir a las 10.30h. Sólo llegar al aeropuerto ya noté el chock: es nuevo, pero casi diminuto y el ambiente parecía muy familiar.
                Al salir me esperaban Estrella y Laura. A Estrella la vi muy bien, y sonriente con una coleta. Nos fuimos directamente a almorzar en casa de Estrella, que nos había preparado una ensalada con queso, manises, un potaje de garbanzos, y unos filetes de carne de vaca para chuparse los dedos.
Sin embargo, lo que más me impactó fue el barrio y la casa donde vive. El barrio está en una zona baja, tipo arrozal y la basura la inunda todo. Son callejuelas cercadas con bambú, muchas mangueras, coqueros y miseria. Para entrar en su casa tienes que agacharse porque la calle está unos 40 centímetros por encima de la casa, pero no entras directamente en una zona techada si no en un corredor abierto. Dentro encontramos varias pequeñas casas, y la de Estrella está al fondo. Parece una casa canaria con patio interior rodeado por los cuartos, el baño y la cocina.


Ni bongile! El mar, el mar, el sonido del mar y conchas de variedades indescriptibles dibujando retratos en la arena. Un sueño de corales y arena blanca, que me invitan a pensar en la riqueza del fondo marino. Y en paralelo, “un sueño de misioneras del amor, que me invitan a pensar en la riqueza del fondo humano de su corazón”.

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